
La palabra en este día nos invita a la reflexión sobre nuestra doble dimensión: Cuerpo y Alma. El apóstol San Pablo es una persona que se encuentra con Cristo y este decide aceptar su mensaje de una forma radical, por la tangente.
Las acciones de la carne traen como consecuencia carne, mientras que los frutos del espíritu engendran espíritu. La carne es débil por eso la oración, la vida ascética, fortalecen nuestra dimensión espiritual.
Jesús que fue perfecto hombre supo bien canalizar las energías para someter la carne, una vez sometemos la carne podemos conectar con Dios.
Debemos de diariamente ponernos en las manos de Dios para poder resistir a las tentaciones de la carne, pidamos a Dios como en la oración del padre nuestro: "No nos dejes car en tentacion y libranos del mal" .