Si es algo incierto
el inicio de la construcción del actual templo, se sabe
que ya para el 1521 estaba en construcción y que para
el 1540 se coloca la última piedra en la fachada oeste,
consagrándose el 31 de agosto del 1541. Son sus patronos
Nuestra Señora de la Encarnación y Santo Domingo
de Guzmán.
El Arquitecto
Luis de Moya, el Maestro de Obra Rodrigo de Pontesillas (Alarife
de la Ciudad de México), los Obispos Alessandro Geraldini,
Rodrigo de Bastidas, Sebastián Ramírez Fuenleal,
Alonso de Fuenmayor y Rodrigo de Liendo, fueron los protagonistas
del primer capítulo de la obra y fábrica de la
basílica metropolitana primada”, según escribiera
en su libro “La Ciudad del Ozama, 500 Años de Historia
Urbana, el Arq. Eugenio Pérez Montás.
Un par de años
después de su consagración se inicia la construcción
del campanario, cuya obra se detiene apenas alcanzando la altura
de la base, debido a la oposición del Alcaide de la Fortaleza
de Santo Domingo, aludiendo que la misma podía ser atacada
desde el campanario, con facilidad.
El interior de
la Catedral, de un sobrio gótico tardío, tiene
una planta de tres naves, a la manera basilical, con siete capillas
a cada lado, más un tramo donde se encuentran el portal
gótico que da a la plaza y la puerta de Geraldini, que
da a la claustra, donde se encuentran las casas de los canónigos,
espacio conocido como la Plazoleta de los Curas.
Las robustas
columnas de fuste liso, asemejan dos hileras de palmeras que
flanquean la nave central y sostienen las bóvedas de
crucería, de piedras, que cubren el templo.
Hacia el oriente,
sobresale del rectángulo que encierra las naves, un ábside
ochavado que contiene la capilla mayor, separada de la nave
central por un arco de triunfo con finos motivos florales de
la tradición isabelina.
Las capillas
laterales, construidas entre los contrafuertes, fueron agregándose
y modificándose a través del tiempo, tal como
se comprobó durante las investigaciones arqueológicas
realizadas recientemente. La Capilla de Nuestra Señora
de la Antigua, por ejemplo, tenía originalmente un muro
que cerraba la boca capilla, dejando un gran nicho hacia la
nave lateral. En una segunda etapa su profundidad llegaba hasta
el extremo de los contrafuerte, para luego extenderse más
hacia fuera, tamaño que tiene en la actualidad.
Unas sartas de
perlas o bolas, clásicas del vocabulario isabelino, decoran
arcos, columnas y cornisas.
De acuerdo al
arquitecto venezolano Graziano Gasparini “la de Santo
Domingo es la mejor fachada renacentista de América y
la que reúne e integra elementos propios del repertorio
renacentista umbro-toscano-véneto-milanés.”
Tanto Gasparini como Erwin Walter Palm, autor de la obra “Los
Monumentos Arquitectónicos de la Española”,
consideran que los elementos de la fachada y los de la portada
principal recuerdan motivos ya experimentados por Agostino di
Duccio en la iglesia de los Santos Andrés y Bernardino
de Perugia, de principios de la segunda mitad del siglo XV.
La mayor intervención
que sufre la Catedral en el pasado, lo es la integración
del Cabildo Eclesiástico que se construye sobre el portal
gótico, en los primeros años del siglo XVII, mutilando
algunos elementos de éste y cambiando la imagen de la
fachada norte.
En el 1878, bajo
el argumento de que estaba muy deteriorado, se destruyó
el coro bajo, salvándose sólo parte de la sillería,
la cual se encuentra actualmente en el presbiterio.
Para esa misma
época se realiza lo que pudiéramos considerar
la primera restauración que se hace en la Catedral Primada,
cuando se recupera, aun siendo bien infuncional, el presbiterio
original, construido ya para el 1525.
Intervenciones
de importancia se hacen hacia el 1916 durante el obispado del
Arzobispo Nouel, llevadas a cabo por el Ingeniero Scaroina.
En el 1965 se
interviene de nuevo el templo y es ahí cuando eliminan
sin el cuidado debido, los revoques interiores, perdiéndose
la policromía que ocultaban.
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En el 1972, como
consecuencia de los daños ocurridos por el terremoto
del año anterior, la Comisión para la Consolidación
y Ambientación de los Monumentos Históricos de
la Ciudad de Santo Domingo de Guzmán, consolida mediante
unos tensores metálicos y la inyección de resina
epóxica el Cabildo Eclesiástico, el cual amenazaba
con desplomarse. Treinta años después de esa intervención,
amerita hacer un análisis sobre el comportamiento
de esta solución estructural y ver que sucedería
ante la ocurrencia de otro sismo igual o mayor que el anterior.
En el 1984, bajo
el Arzobispado del hoy Cardenal López Rodríguez,
se crea la Oficina de la Obra y Museos de la Catedral Metropolitana
de Santo Domingo, la cual se encargaría de la investigación,
conservación, restauración y manejo de la Primada
de América.
Esta Oficina,
que es una dependencia del Arzobispado de Santo Domingo y que
recibe una asignación mensual de parte del Gobierno Central,
inició de inmediato una serie de investigaciones que
permitieron emitir un diagnóstico sobre el estado de
la edificación.
Entre las investigaciones
realizadas se encuentran un Estudio Geomecánico del terreno;
de humedad superficial en los muros; de capas pictóricas;
de los muros del presbiterio; de canalización de las
aguas pluviales; del comportamiento estructural y del sistema
eléctrico.
También
se revisaron los planos del levantamiento realizado luego del
terremoto del 1971 y se realizó el inventario de los
bienes muebles que se encontraban en el interior del templo,
así como en los depósitos y en el Tesoro de la
Catedral.
Un importante
estudio arqueológico fue realizado en todo el interior
de la Catedral, cuyos resultados fueron recogidos en el libro
“Arqueología y Antropología Física
en la Catedral de Santo Domingo”, de Harold Olsen, Eugenio
Pérez Montás y Esteban Prieto Vicioso.
Gracias a las
excavaciones realizadas, complementadas por las investigaciones
históricas, se pudieron reconstruir gráficamente
los distintos presbiterios que ha tenido la Catedral, desde
el 1523, el cual sólo ocupaba la Capilla Mayor y donde
fueron enterrados Cristóbal, Diego y Luis Colón,
entre otros descendientes del Almirante de la Mar Océana
cuyos restos se encuentran en el Faro construido a su memoria
en la ciudad de Santo Domingo e inaugurado en el 1992.
Los restos de su nieto Luis se mantienen en la Catedral y los
de su hijo Diego han de ser los que fueron trasladados a La
Habana y posteriormente a Sevilla.
Otros hallazgos
importantes fueron los arranques de los muros del coro bajo;
los arranques del muro que cerraba la Catedral en su tercer
tramo, mientras se concluía la construcción; así
como la cripta de Gonzalo Fernández de Oviedo, autor
de la obra Historia General y Natural de Indias.
Una serie de
trabajos de conservación y restauración fueron
emprendidos por la Oficina de la Obra a partir del 1984, entre
los que podemos citar el rejuntado de los ladrillos de la cubierta,
la canalización de las aguas pluviales, restauración
de varias capillas, sustitución del pavimento en las
tres naves y la restauración de la fachada principal
que incluyó la reintegración del escudo de Carlos
V, que había sido mutilado durante la ocupación
haitiana del 1822 al 1844.
También
han sido restaurados todos los retablos y una buena cantidad
de imágenes y cuadros encontrados en los depósitos.
Estas restauraciones
han sido realizadas gracias a los aportes del Gobierno Central,
así como de España, Italia, la Organización
de los Estados Americanos y la Organización Internacional
para las Migraciones. El Arzobispado de Munich donó los
nuevos vitrales, así como la Sociedad de amigos donó
un monumental pesebre de la autoría del artista dominico-español
Antonio Prats Ventós.
La Santa Iglesia
Basílica Catedral Metropolitana Nuestra Señora
de la Encarnación y Santo Domingo de Guzmán, es
sin lugar a dudas el monumento más importante y de mayor
autenticidad de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, declarada
por la UNESCO en el 1990 como Patrimonio Cultural Mundial.
M. Arq. Esteban
Prieto Vicioso
Director de la Oficina de la Obra y Museos
de la Catedral de Santo Domingo,
Primada de América. |