A Nuestro Venerable Hermano

Gregorio S.E.R. CARDENAL ROSA CHÁVEZ

Obispo Auxiliar de San Salvador en América

Nuestro Salvador dio el mayor regalo y tesoro a los creyentes en la Última Cena, cuando confirió el sacerdocio a los apóstoles y les encomendó celebrar el misterio de la Eucaristía. “En esta conmemoración Sacramental de Cristo, el propio Jesucristo está presente con nosotros ciertamente, bajo otra forma, pero en su propia sustancia. Cuando iba a subir al cielo dijo a los apóstoles y a los que les acompañaban: “He aquí que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos” (Mt. 28, 20), confortándoles con la benigna promesa de que permanecería y estaría con ellos incluso con una presencia corporal”. (Urbano IV,  Transiturus de hoc mundo). La Iglesia Católica apoyada en la seguridad de esta fe anunciaba siempre y por todas partes cómo conseguir la salvación eterna en Cristo y al mismo tiempo ofrecía piadosamente el Sacrificio Eucarístico.

Cuando al terminar el siglo XV se descubre el Continente Americano, en el segundo viaje de Cristóbal Colón, fueron enviados misioneros, con el beneplácito de nuestro predecesor Alejandro VI, quienes iniciarían la evangelización de los indígenas. Después de llegar al lugar llamado en español La Isabela, allí el día de la Epifanía del Señor del año 1494, el Padre Bernardo Boil celebró en esta tierra la primera santa Misa. Modesto fue el comienzo de esta admirable presencia de Cristo en su verdadero cuerpo y sangre, alma y divinidad, que llenó de su gracia y sigue llenando todo el Continente Americano de lo cual, nosotros, que ejercemos el oficio de Vicario de Cristo, somos fruto y testigo.

Hace poco nuestro venerable hermano DIÓMEDES ESPINAL DE LEÓN, Obispo de Mao-Montecristi, Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, nos informó que el día 5 del próximo mes de enero en La Isabela, Diócesis de Puerto Plata, en República Dominicana, los Obispos de esta Nación juntamente con el pueblo fiel recordarán los 525 años transcurridos desde la primera Eucaristía celebrada en América. Para la conmemoración del gran acontecimiento pidieron que algún Cardenal nos representara. Por lo tanto, te nombramos a ti, venerable hermano nuestro, por esta carta, NUESTRO ENVIADO EXTRAORDINARIO para esta solemnidad. A ti a quien conocimos como un pastor preocupado por la Iglesia en todo el orbe y muy solícito.

Te pedimos que cuando presidas las celebraciones saludes en nuestro nombre desde lo más profundo del corazón a los asistentes y les des muestras sensibles de nuestra caridad.  Y les exhortes a todos los creyentes, principalmente a los pastores sagrados, a que conserven siempre la fe Católica, la proclamen con valentía y la vivan con amor y buenas costumbres. Mientras ellos mismos dan gracias a Dios con alegría por la presencia real de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en la Eucaristía, tú  exhórtales con tu palabra a que por intercesión de los santos se entreguen de verdad a participar de este divino  sacramento siempre con dignidad y con frecuencia.

Queremos que sepas, venerable hermano nuestro, que tu misión la hemos encomendado a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, ínclita patrona de América, y de todos los Santos y Beatos de América. Por último, te impartimos con mucho gusto, la bendición apostólica, prenda de una abundante gracia celestial y testimonio de nuestra caridad, que sinceramente queremos la compartas en nuestro nombre con todos los asistentes a tan memorable evento.

   El Vaticano, 12 de diciembre, en La Solemnidad de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, del año 2018, sexto de nuestro Pontificado.                                                             

Francisco

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